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miércoles, 5 de junio de 2013

Sobre la no participación de España en la II Guerra Mundial

Desclasificados los papeles sobre sobornos del MI6 británico a militares de Franco


ª   LOS DOCUMENTOS REVELADOS CONFIRMAN QUE SE PAGARON 200 MILLONES DE LIBRAS AL CÍRCULO DE GENERALES

ª   LOS MENSAJES MUESTRAN EL TEMOR DE LONDRES A LA POSIBLE ENTRADA DE ESPAÑA EN LA II GUERRA MUNDIAL

El MI6, el servicio de espionaje británico, sobornó a generales españoles para que estos disuadieran al dictador Francisco Franco de entrar en la Segunda Guerra Mundial del lado de Hitler. Documentos secretos ahora desclasificados revelan que se pagaron el equivalente a 232 millones de dólares de hoy que fueron a parar a militares del círculo del general Franco, armadores y varios agentes espías.
Esta información publicada hoy por el diario The Guardian en su web ha sido un asunto ya mencionado por historiadores británicos y españoles pero ahora parece que por fin se muestran detalles inéditos. El historiador Jorge M. Reverte asegura que estos pagos se gestionaron "a través del empresario balear Juan March". Un agente inglés en la Embajada británica en Madrid era el intermediario. "March habló con generales importantes, como Aranda, y aunque simuló que el dinero lo ponía él, venía de los británicos".
El dinero se entregó a través de una cuenta en Nueva York de un banco suizo, según el diario británico, que sitúa como urdidor de la trama al embajador británico en Madrid, Samuel Hoare. Los documentos desclasificados muestran a un Hoare preocupado porque pensaba que era inminente la entrada española en la Segunda Guerra Mundial y que, por lo tanto, Franco abandonaría la neutralidad mostrada al inicio del conflicto.
En junio de 1940, nueve meses después de que Hitler hubiera empezado la guerra con la invasión de Polonia, Hoare pidió parte del dinero "sin retraso" al Foreign Office (Ministerio de Asuntos Exteriores) y añadía en su comunicación que si había dudas, se consultara al primer ministro, Winston Churchill, quien respondió posteriormente en un telegrama: "Sí, por supuesto".
"Que España entre o no en la guerra depende de la rapidez de nuestra actuación", telegrafió Hoare en un aviso al MI6 para que pagara a los agentes al servicio de los intereses británicos. "La situación es crucial. No puedo malgastar más tiempo en explicar nuestra posición en este asunto".


La entrevista en Hendaya

La tensión aumentó cuando en octubre de 1940 se produjo la célebre y fotografiada entrevista de Hitler y Franco en Hendaya. Hoare explica incluso que hubo partidas que se destinaron a detener a aquellas personas que conspiraban para persuadir al dictador y que de una vez apoyara con tropas a Hitler. Entre los militares favorables a una España en guerra mundial estaba el general Muñoz Grandes", señala Reverte. El historiador y escritor sostiene que un factor importante que tuvo en cuenta Franco fue el suministro de gasolina a una España recién salida de la Guerra Civil, en manos estadounidenses.
"Franco estuvo jugando hasta 1942 con esta posibilidad de entrar o no en la guerra, hasta que se produjo el desembarco aliado en el norte de África. Entonces vio que no había opciones de victoria nazi", asegura el historiador, autor de obras como La batalla del Ebro y La división azul.
En una de las comunicaciones secretas de Hoare con su superior, el secretario de Relaciones Exteriores, Lord Halifax, se mencionan también reuniones de agentes británicos con republicanos y guerrilleros españoles para animarlos a una insurrección en el caso de que en la Península entraran tropas alemanas. Ese mensaje secreto termina con una indicación clara a Halifax: "Por favor, quema esta carta cuando la hayas leído".
Sin embargo, cuando los contactos con estos republicanos españoles (los rojos, como se les llama en los documentos) llegó a oídos de Winston Churchill, este mostró su preocupación así que instó al ministro de la Guerra, Hugh Dalton, a que interviniera para acabar con las reuniones.

Diario el País, MANUEL MORALES Madrid 23 MAY 2013



UN ESPÍA VESTIDO DE MUJER

Entre las peripecias novelescas de este asunto destaca la del oficial del MI6 Dudley Clarke, arrestado por la policía en Madrid en la Segunda Guerra Mundial cuando iba disfrazado de mujer. Clarke dijo a los agentes que era un periodista del diario The Times que quería escribir una novela sobre cómo reaccionaban los hombres al paso de las mujeres en la calle. Tan estrambótica historia mantiene el nivel cuando en el registro de los enseres de Clarke, les dice a los policías franquistas que la ropa de mujer de su maleta era para una señora de Gibraltar, pero que antes había decidido antes probársela él "para hacer una broma". John Le Carré se quedaría boquiabierto al saber que la policía se maravilló también con un rollo de papel higiénico que llevaba Clarke en su maleta. La suavidad y textura del papel mosqueó a los agentes que se lo llevaron para someterlo a análisis químicos. Finalmente, Clarke fue puesto en libertad pero sus superiores le enviaron a Gibraltar. "Mantenedle vigilado y le mandáis en el próximo avión a Oriente Próximo", ordenaron al gobernador de Gibraltar. Y por si antes mostraba "signos de trastorno mental", una última indicación: "A casa en el primer barco".



MÁS NOTICIAS: “General Varela (2 millones)”

-  Los documentos desclasificados por los Archivos Nacionales británicos detallan los sobornos a cargos franquistas para que España no abandonara la neutralidad



El 4 de junio de 1940, el embajador británico en Madrid, sir Samuel Hoare, envió un mensaje cifrado de la máxima urgencia, secreto y “personal” al secretario del Foreign Office, el vizconde Halifax, según los más de 400 documentos hasta ahora secretos que acaban de ser desclasificados por los Archivos Nacionales británicos. “Hay indicios de que está cogiendo impulso la idea de abandonar la neutralidad y tengo la impresión de que ha llegado el momento de actuar de forma inmediata para verificarlo”, arrancaba el texto. El embajador cree tener “una forma segura” de acceder a los ministros mejor colocados.
Esa forma de “influir de forma decisiva y asegurar la neutralidad de España” en la II Guerra Mundial no es otra que el pago de sobornos, para lo cual necesita de “un máximo de medio millón de libras” y exige de forma “urgente” la autorización. Y ruega que “si hay alguna duda, se consulte con el primer ministro”, Winston Churchill. Al final, los británicos se gastarían 13,5 millones de dólares en sobornos (hoy 222 millones, 170 de euros). Los pagos se harían a través del banquero mallorquín Juan March y los sobornados no sabrían que el dinero procedía del Gobierno británico. El mayor problema no fue encontrar candidatos a ser sobornados, sino que March pudiera hacerse con el dinero sin levantar sospechas. La fórmula elegida, una cuenta en Nueva York de un banco suizo, levantó las suspicacias del Tesoro de EE UU, que bloqueó la cuenta durante meses.

El embajador Hoare recibió luz verde con el visto bueno directo de Winston Churchill y el canciller del Exchequer y ministro del Tesoro, sir Kingsley Woody. El 9 de junio confirmaba en un nuevo telegrama que las negociaciones “se desarrollan de forma satisfactoria” pero advertía que serían necesarias “cantidades más amplias” que el medio millón de libras estimado al principio. El Foreign Office cuestiona el 14 de junio la posibilidad de autorizar un gasto superior, pide detalles de la operación y avisa al embajador que si las ofertas de sobornos son rechazadas y se llega a conocer la implicación británica la consecuencia sería “un daño infinito”. “Tengo dudas de enviar ningún nombre, ni siquiera en un mensaje cifrado”, responde al día siguiente el embajador. “Tienen que aceptar mi palabra de que las personas son de la mayor importancia”, asegura, y lanza una advertencia definitiva: “Puede muy bien ocurrir que la entrada de España en guerra dependa de la rapidez de nuestra actuación. La situación es crítica”. El 21 de junio, el Foreign Office confirma que “el dinero ha sido depositado según lo acordado en el Swiss Bank Geneva en Nueva York”.
Un informe firmado por el comandante Furse el 26 de junio y dirigido a Churchill y sir Kingsley sintetiza la operación desde el punto de vista de la legación en Madrid. “La Embajada opina que España está a punto de entrar en guerra y solo la adopción de esta estrategia puede evitarlo”, describe. “Franco desea seguir siendo neutral pero está aterrorizado con Alemania; Suner [Suñer] Yague [Yagüe] y el ala izquierda de la Falange están a favor de la intervención; el ala derecha (Requetés, Carlistas, empresarios, la mayoría del Ejército y los campesinos) están por la neutralidad”, prosigue el militar.
“El objetivo de sir S. Hoare es dar al ala derecha la fuerza necesaria para que se puedan organizar. Esa organización sería pro-España y antiextranjera (por ejemplo, tanto antiitaliana como antiinglesa) pero no reclamaría Gibraltar hasta después de la guerra”, continúa. Y explica que “la oposición a Suñer se está organizando a través de Juan March, con el que el agregado Naval está en contacto directo”. “March actuó como un agente doble para nosotros y para los alemanes en la última guerra y está de nuevo en contacto con nosotros”, recuerda.
March se encargó de contactar con ministros y militares (a menudo eran ambas cosas), pero no por amor al arte: no solo se acabaría embolsando cinco millones de dólares, sino que a juicio de los británicos, March quiere que fracasen las políticas de Ramón Serrano Suñer como ministro de Exteriores “para salvar sus inversiones e incrementar su poder”. El documento de Furse detalla a continuación los pagos comprometidos y el grado de compromiso de los implicados en la operación, también el dinero prometido a cada uno y el calendario de los pagos. Documentos posteriores especifican además que de los 13,5 millones de dólares a pagar, 3,5 se abonarían al final de la guerra. De los otros 10 millones, dos ya se habían pagado cuando Furse envía su informe, tres se deben entregar de inmediato y de una vez y los otros cinco (la comisión de March), al cabo de seis meses.
Luego cita a los implicados y lo que recibe cada uno en dólares: Nicholas [sic] Franco (2 millones); general Varela (2); general Aranda (2); el secretario general de la Falange, Gallardo (1); general Kindelán (500.000 dólares), del que añade entre paréntesis: “Es un chorizo”. Todos reciben el dinero directamente de March. Siete más están en la operación pero solo tres, los generales Queipo de Llano, Orgaz y Asensio, reciben pagos, sin que se detalle la cantidad. Los otros cuatro son los generales Llana, Moreno, Alonso y Solchaga y el ex secretario general de la Falange, Muñoz Grandes. Un telegrama del embajador Hoare del 28 de junio explica: “Los planes están dando resultados. El general Yagüe, protagonista de la entrada de España en la guerra, ha sido despedido”.

En una de las comunicaciones secretas de Hoare con su superior, el secretario de Relaciones Exteriores, Lord Halifax, se mencionan también reuniones de agentes británicos con republicanos y guerrilleros españoles para animarlos a una insurrección en el caso de que en la Península entraran tropas alemanas. Ese mensaje secreto termina con una indicación clara a Halifax: "Por favor, quema esta carta cuando la hayas leído".

Sin embargo, cuando los contactos con estos republicanos españoles (los rojos, como se les llama en los documentos) llegó a oídos de Winston Churchill, este mostró su preocupación así que instó al ministro de la Guerra, Hugh Dalton, a que interviniera para acabar con las reuniones.

Diario el País, MANUEL MORALES Madrid 23 MAY 2013




Enlaces a otros noticias relativas al mismo tema.
·         El bulo (mundial) del Caudillo

domingo, 19 de mayo de 2013

Trabajo con prensa: Los sectores radicales de la derecha europea se radicalizan por efecto de la crisis.



Los grupos ultras comienzan a ejercer una perversa influencia en las políticas de formaciones tradicionales

La crisis económica que agita la Unión Europea está siendo el mejor caldo de cultivo para el ascenso de los movimientos xenófobos y ultras. A ello se une la pérdida de credibilidad de la UE y sus instituciones por abanderar unos drásticos recortes que han fomentado el paro y la desigualdad social, sin lograr hasta ahora un atisbo de recuperación.
Aunque estos movimientos extremistas no han conseguido de momento un número significativo de diputados que les permita ejercer el poder, su capacidad de influencia ha comenzado a condicionar los programas políticos de la derecha tradicional y de los gobiernos. El caso más reciente ha sido el del Reino Unido, pero este fenómeno se hizo notar ya en las presidenciales francesas del año pasado. Marine Le Pen, con una imagen más presentable que su padre, llevó al Frente Nacional (FN) al 18% en la primera vuelta electoral, el mejor resultado logrado por un candidato de ultraderecha. Un presidente Sarkozy a la desesperada trató de ganarse a los votantes de FN ofreciendo un perfil más duro en temas de inmigración y seguridad. No se sirvió de nada porque ganó el socialista Hollande y Le Pen amenazó con convertirse pronto en el primer partido de la derecha francesa.

Viraje en el Reino Unido

En el Reino Unido, el espectacular éxito del populista UKIP con su programa anti-europeo y anti-inmigración propició el descalabro en las elecciones locales del partido conservador, en el Gobierno. El primer ministro David Cameron ha tardado poco en acusar el golpe y el viraje a la derecha comienza a ser un hecho. El acceso de los inmigrantes a los beneficios sociales -atención sanitaria, vivienda y subsidio de paro- se va a endurecer y el referéndum sobre la pertenencia a la UE empieza a cobrar fuerza dentro del propio Gobierno.
Si en Francia y Reino Unido la ultraderecha trata de dar una imagen civilizada, en Grecia y Europa del Este las formaciones ultras ofrecen un claro perfil neonazi y racista. En las elecciones de junio de 2012 los ultras griegos revalidaron su entrada en el Parlamento obteniendo 18 diputados y el 6,9% de los votos. Los medios de comunicación helenos han denunciado la connivencia entre Amanecer Dorado y la Policía en las redadas y torturas de inmigrantes, mientras el Gobierno del conservador Samaras ha hecho casi imposible la naturalización de inmigrantes. El primer ministro ya declaró que "los inmigrantes son los tiranos de la sociedad griega".

Contra turcos y gitanos

En Bulgaria, la formación Ataka consiguió el pasado domingo el 7% de los votos, con lo que entrará en el Parlamento y puede tener la llave para la formación de Gobierno. Aparte de su mensaje antieuropeo, los ultras búlgaros consideran a turcos y gitanos como unos privilegiados sociales y próximos a la delincuencia. Las agresiones han sido constantes en medio de la permisividad de las autoridades. A la xenofobia y el racismo, los ultras húngaros de Jobbik han añadido una fuerte carga de antisemitismo. El noviembre, el diputado Márton Gyöngyösi pidió en el Parlamento que se hicieran "listas de judíos" porque "el sionismo tiene bajo su yugo a nuestro país". En Hungría hay elecciones en 2014 y Fidesz, la formación conservadora del primer ministro Víktor Orban, ya ha comenzado a compartir el discurso ultranacionalista y antieuropeo de Jobbik

MIGUEL SALVATIERRA | M; La Verdad; 19 mayo 2013



Actividades:

- Realiza la ficha sobre la noticia.

- Resume la noticia y comentala.

- Relaciona el contenido de la noticia con la crisis de la democracia y el auge de los totalitarismos en el período de entreguerras y reflexiona sobre lo qué siempre preguntáis en clase:  ¿para qué quiero yo saber que paso hace tanto tiempo? ¿para qué la historia?....


domingo, 28 de abril de 2013

La crisis económica y la solución del 1%. Paul Krugman.


La solución del 1%

Diaro el País. PAUL KRUGMAN 28 ABR 2013 .

Aquí os dejo un texto periodístico sobre la situación actual de crisis económica; los desajustes económicos, las desigualdades sociales, los enfoques de la crisis... etc. Se trata de un texto que puede utilizarse en Historia de 4º de la ESO o Historia del Mundo contemporáneo para analizar no sólo la sociedad actual, sino para revisar los acontecimientos de la crisis del 29 y las teorías de Keyness, o para Geografía de 3º de la ESO a la hora de hablar de los sistemas económicos, la globalización económica...

En cualquier caso se trata de fomentar la lectura a través de la prensa, como una herramienta de comprensión y análisis del mundo en que vivimos, así como de conocimiento del lenguaje.

Los debates económicos rara vez terminan con un KO técnico. Pero el gran debate político de los últimos años entre los keynesianos, que abogan por mantener y, de hecho, aumentar el gasto público durante una depresión, y los austerianos, que exigen recortes inmediatos del gasto, se acerca a ello, al menos en el mundo de las ideas. En estos momentos, la postura austeriana ha caído por su propio peso; no solo es que sus predicciones sobre el mundo real fuesen completamente erróneas, sino que la investigación académica que se invocaba para respaldar esa postura ha resultado estar plagada de equivocaciones, omisiones y estadísticas dudosas.
Aun así, sigue habiendo dos grandes preguntas. La primera: ¿cómo llegó la doctrina de la austeridad a ser tan influyente en un primer momento? Y la segunda: ¿cambiarán en algo las políticas ahora que las principales afirmaciones austerianas se han convertido en carnaza para los programas de humor de madrugada?
Sobre la primera pregunta: la preponderancia de los austerianos en los círculos influyentes debería inquietar a cualquiera a quien le guste creer que la política se basa en hechos reales o, incluso, que está muy influida por ellos. Después de todo, los dos principales estudios que ofrecen la supuesta justificación intelectual de la austeridad —el de Alberto Alesina y Silvia Ardagna sobre la “austeridad expansiva” y el de Carmen Reinhart y Kenneth Rogoff sobre el peligroso “umbral” de la deuda, situado en el 90% del PIB— tuvieron que enfrentarse a críticas devastadoras nada más publicarse.
Y los estudios no resistieron un análisis pormenorizado. Hacia finales de 2010, el Fondo Monetario Internacional (FMI) refundió el estudio de Alesina y Ardagna con datos mejores e invalidó sus hallazgos, mientras que muchos economistas plantearon dudas fundamentales sobre el de Reinhart y Rogoff mucho antes de que conociésemos el famoso error de Excel. Por otra parte, los acontecimientos del mundo real —el estancamiento en Irlanda, que fue el primer modelo de austeridad, la caída de los tipos de interés en Estados Unidos, que se suponía que iba a enfrentarse a una crisis fiscal inminente— rápidamente convirtieron las predicciones austerianas en sandeces.
Sin embargo, la austeridad mantuvo e incluso reforzó su dominio sobre la opinión de la élite. ¿Por qué?
Parte de la respuesta seguramente resida en el deseo generalizado de ver la economía como una obra que ensalza la moral y las virtudes, de convertirla en un cuento sobre el exceso y sus consecuencias. Hemos vivido por encima de nuestras posibilidades, cuenta la historia, y ahora estamos pagando el precio inevitable. Los economistas pueden explicar hasta la saciedad que esto es un error, que la razón por la que tenemos un paro tan elevado no es que gastásemos demasiado en el pasado, sino que estamos gastando demasiado poco ahora y que este problema puede y debería resolverse. Da igual; muchas personas tienen el sentimiento visceral de que hemos pecado y debemos buscar la redención mediante el sufrimiento (y ni los argumentos económicos ni la observación de que la gente que ahora sufre no es en absoluto la misma que pecó durante los años de la burbuja sirven de mucho).
Pero no se trata solo del enfrentamiento entre la emoción y la lógica. No es posible entender la influencia de la doctrina de la austeridad sin hablar sobre las clases y la desigualdad.
A fin de cuentas, ¿qué es lo que quiere la gente de la política económica? Resulta que la respuesta depende de a quién preguntemos, una cuestión documentada en un reciente artículo de investigación de los politólogos Benjamin Page, Larry Bartels y Jason Seawright. El artículo compara las preferencias políticas de los estadounidenses corrientes con las de los muy ricos y los resultados son reveladores.
Así, al estadounidense medio le preocupan un poco los déficits presupuestarios, lo cual no es ninguna sorpresa dado el constante aluvión de historias de miedo sobre el déficit en los medios de comunicación, pero los ricos, en su inmensa mayoría, consideran que el déficit es el problema más importante al que nos enfrentamos. ¿Y cómo debería reducirse el déficit presupuestario? Los ricos están a favor de recortar el gasto federal en asistencia sanitaria y la Seguridad Social —es decir, en “derechos a prestaciones”—, mientras que los ciudadanos en general quieren realmente que aumente el gasto en esos programas.
Han captado la idea: el plan de austeridad se parece mucho a la simple expresión de las preferencias de la clase superior, oculta tras una fachada de rigor académico. Lo que quiere el 1% con los ingresos más altos se convierte en lo que las ciencias económicas dicen que debemos hacer.
¿Realmente redunda en interés de los ricos una depresión prolongada? Es dudoso, dado que una economía próspera suele ser buena para casi todo el mundo. Lo que sí es cierto, sin embargo, es que los años transcurridos desde que tomamos el camino de la austeridad han sido pésimos para los trabajadores, pero nada malos para los ricos, que se han beneficiado del aumento de los rentdimientos y de los precios de las acciones aun cuando el paro a largo plazo empeora. Puede que el 1% no desee realmente una economía débil, pero les está yendo lo bastante bien como para dejarse llevar por sus perjuicios.
Y esto hace que uno se pregunte hasta qué punto cambiará las cosas el hundimiento intelectual de la postura austeriana. En la medida en que tengamos una política del 1%, por el 1 % y para el 1 %, ¿no seguiremos viendo únicamente nuevas justificaciones para las viejas políticas de siempre?
Espero que no; me gustaría creer que las ideas y los hechos importan, al menos un poco. De lo contrario, ¿qué estoy haciendo con mi vida? Pero supongo que veremos qué grado de cinismo está justificado.
Paul Krugman es profesor de Economía de Princeton y premio Nobel de 2008 © New York Times Service 2013 .- Traducción de News Clips.

lunes, 22 de abril de 2013

El oscuro carisma de Hitler, según Laurence Rees.


El secreto de Hitler era el odio
§  Laurence Rees analiza en su nuevo libro el “oscuro carisma” del líder nazi
JACINTO ANTÓN Madrid, El País.  21 ABR 2013
Creemos saberlo prácticamente todo de Adolf Hitler, pero quedan secretos irreductibles de su personalidad y su liderazgo. Para el célebre historiador y documentalista británico Laurence Rees (Ayr, Escocia, 1957), ninguno como de qué manera consiguió arrastrar tras de sí, en la terrible espiral de la guerra y el genocidio, a millones de alemanes. A tratar de dilucidar eso y a explicar las claves de la fatal atracción del líder nazi, el autor de Auschwitz, El holocausto asiático, Una guerra de exterminio y A puerta cerrada, ha dedicado su nuevo libro, El oscuro carisma de Hitler(en Crítica, como todos los anteriores). Rees destaca en los rasgos de Hitler "su ilimitada capacidad de odio". Y advierte: "El poder del odio está infravalorado. Es más fácil unir a la gente alrededor del odio que en torno a cualquier creencia positiva".
 Como persona, señala Rees, Hitler era bastante lamentable. Un tipo psíquicamente “muy dañado”, incapaz de amistades y afectos verdaderos, bañado en odio y prejuicios. “Solitario y con una visión de la vida como lucha y de los seres humanos como animales". Pero tenía carisma. "Solemos creer que el carisma es un valor positivo, pero lo pueden poseer personas despreciables", reflexiona. Rees "Lo más importante que hay que entender del carisma de Hitler es que dependía de la gente. El carisma no existe sin conexión. No se puede ser carismático en una isla desierta. Buena parte lo pone el otro". Vaya, como el amor. "Sí, la idea es que cuando sentimos una conexión especial con alguien creemos que depende de ese alguien pero en realidad depende en parte de nosotros. El carisma de Hitler procedía tanto de la gente que lo seguía como de él. Por eso ahora no lo percibimos en fotografías o películas. No nos habla a nosotros. No somos de su tiempo. Lo que ha cambiado no es él, sino la percepción que tenemos de él".
Rees explica cómo entre los propios alemanes fue cambiando la influencia del carisma de Hitler. "Personas que lo veían como un personaje ridículo o perturbado en 1928 pasaron a considerarlo un salvador en 1933". Siempre hubo, sin embargo, gente inmune a su carisma. Philipp Von Boeselager, que se conjuró para matarlo, lo encontraba indigno y decía que era repugnante verlo comer: un patán. "Bueno, pero hay que recordar que para muchos alemanes los políticos educados eran los que les habían llevado al Tratado de Versalles y al desastre: tiempos no convencionales requerían líderes no convencionales".
Había que estar predispuesto para seguir a Hitler, dice Rees, aunque él, el líder, aportaba su intransigencia, su absoluta seguridad de su papel como figura providencial, su habilidad para conectar con las esperanzas y los deseos de millones de alemanes, su descontrolada emotividad y, sobre todo, su contagioso odio. “Una de las cosas más difíciles del mundo es asumir las culpas y responsabilidades propias, todos estamos predispuestos a proyectar nuestras frustraciones sobre el otro, en forma de odio”.
¿Dependía el carisma de Hitler del éxito? "Sí, ese aspecto fue vital. Si alguien dice que va a hacer algo extraordinario y lo hace, la siguiente vez es más fácil tenerle fe. Hitler jugaba fuerte, al todo o nada, y cada triunfo fortalecía su carisma. Muchos militares, por ejemplo, que lo miraban con suspicacia, se rindieron a su genio, su intuición, el famoso Fingerspitzengefühl,  tras la larga serie de victorias que parecían inexplicables. Aunque hoy retrospectivamente no lo veamos así y Montgomery dijera que la regla número uno de la guerra era no invadir Rusia, para la mayoría parecía mucho más increíble vencer a Francia que a la URSS".
Entonces, ¿cómo sobrevivió su carisma a las derrotas a partir de Stalingrado? "Al revés que Mussolini, Hitler desmanteló las estructuras del estado, así que era más difícil apearlo del poder, además, a los alemanes se les había inculcado el miedo al Ejército Rojo y su venganza, que se iba a producir con la derrota aunque se deshicieran de Hitler, y por supuesto, Hitler incrementó el terror de su aparato represivo en proporción directa a la pérdida de su liderazgo carismático".
Hitler cultivaba su carisma. "Absolutamente, de muchas maneras pequeñas incluso. Usaba gafas pero nunca se dejaba ver y retratar con ellas. Cargaba una lupa. Hasta fabricaron una máquina de escribir especial con caracteres muy grandes para escribirle los textos que tenía que leer, la Führeschreibmaschine. También estudiaba mucho su imagen en el espejo y practicaba su famosa mirada penetrante”.
Rees señala las diferencias entre Hitler y Stalin en términos de carisma. "Stalin practicaba el carisma negativo, toda la imagen de Hitler le parecía una sandez. Con Stalin no había reglas para evitar ser asesinado. Nadie estaba seguro. En la Alemania nazi estaba claro quienes iban a ser perseguidos por el régimen, en la URSS estalinista no. Stalin unía con el miedo como Hitler con el odio".
Rees es un hombre afable, acostumbrado a tratar con la gente. Ríe y bromea a menudo pero debajo de esa capa alegre y aparentemente desenfadada se percibe la profundidad de un hombre que lleva años, toda su carrera, enfrentándose a lo peor del ser humano. Para sus libros y famosos documentales de la BBC ha entrevistado a innumerables personas que vivieron la II Guerra Mundial, soldados y civiles, víctimas y verdugos. Cuando le pregunto cuál de todos esos testigos de la barbarie le ha impresionado más, pensando que me dirá que algún miembro de Einsatzgruppen o Kenichiro Oonuki, el piloto kamikaze fracasado, se ensimisma un buen rato antes de contestar: "Toivi Blatt, un judío polaco deportado en 1940 al campo de exterminio de Sobibor, donde toda su familia fue asesinada. Blatt participó en la revuelta de prisioneros de 1943 y logró escapar con un balazo en la mandíbula. Hablábamos sobre lo que son capaces de hacer los seres humanos, y le pregunté qué había aprendido de su experiencia. Me contestó: ‘Solo una cosa, nadie se conoce de verdad a sí mismo'”.

lunes, 11 de febrero de 2013

España partida en dos. Breve historia de la Guerra Civil española, de Julián Casanova


Artículo aparecido en “El País”. 10 feb. 2013

Dios entra en las leyes, las casas y las escuelas

Julián Casanova repasa en este extracto, relata el desmantelamiento del laicismo republicano por parte del franquismo


Julián Casanova revisita en su nuevo libro la Guerra Civil Española. En este extracto, el historiador relata cómo el franquismo se apresuró, aún en plena contienda bélica, a dinamitar el laicismo republicano. La revitalización religiosa acabó con el divorcio y el matrimonio civil e impuso el crucifijo en todos los órdenes de la vida

La fusión entre la tradición católica y el ideario fascista tenía como vínculo común la destrucción de las políticas y de las bases sociales y culturales de la República. Antes de que apareciera en escena Francisco Franco como generalísimo y caudillo de los militares rebeldes, la Junta de Defensa Nacional de Burgos ordenó, el 4 de septiembre de 1936, "la destrucción de cuantas obras de matiz socialista o comunista se hallen en bibliotecas ambulantes y escuelas" y la supresión de la "coeducación", de la enseñanza de niñas y niños juntos en las escuelas, uno de los caballos de batalla de la jerarquía eclesiástica y de los católicos contra la política educativa republicana.

La revitalización religiosa llegó hasta el último rincón de las tierras en poder de los militares sublevados, con el cambio de calles, la restauración del culto público, el restablecimiento de la enseñanza religiosa y la "reposición" de los crucifijos en las escuelas. El "regreso" de los crucifijos a las escuelas, que habían sido retirados de ellas durante los años republicanos, adquirió una especial carga simbólica, con los niños como testigos. Alcaldes y sacerdotes dirigieron en la mayoría de los casos las ceremonias, mientras que los obispos solían aportar el discurso.
En la primera reunión del primer Gobierno de Franco, el jueves 3 de febrero de 1938, se decidió "revisar" toda la legislación laica de la Segunda República, y así, a golpe de decreto derogatorio, se anularon los matrimonios civiles (marzo de 1938) y cayó una ley tras otra, desde la Ley de Divorcio (agosto de 1938) hasta la de Confesiones y Congregaciones Religiosas (febrero de 1939), aquella ley de junio de 1933 que había marcado el punto álgido de desencuentro entre la Iglesia católica y la República.

La "renovación" legal fue tan rápida que solo unos meses después, el último día de junio de 1938, José María Yanguas Messía hacía balance de la "catolicidad" de su Gobierno en el discurso de presentación de credenciales como embajador ante la Santa Sede: "Ha devuelto ya el crucifijo y la enseñanza religiosa a las escuelas, ha derogado la Ley del Matrimonio Civil, ha suspendido el divorcio, ha restaurado ante la ley civil la Compañía de Jesús, ha reconocido en letras oficiales la personalidad de la Iglesia católica como sociedad perfecta, la santidad de las festividades religiosas y ha llevado al Fuero del Trabajo una concepción auténticamente católica y española".

Agradecida y feliz estaba la Iglesia católica ante tanta obra reparadora por parte del Gobierno. En primer lugar, con el "gloriosísimo Caudillo", a quien se le consideraba sin ninguna duda el "hombre providencial, elegido por Dios para levantar España", según rezaba el Catecismo patriótico español que el dominico Ignacio G. Menéndez Reigada publicó en Salamanca en 1937, anticipo del rosario de catecismos que iban a publicarse en los primeros años de la posguerra.

España volvía a ser católica, una, grande y libre, pero para consolidar eso había que meter "a Dios y sus cosas en todo", en las leyes, en la casa y en las instituciones. Y había que arrojar a los "falsos ídolos intelectuales", expurgar las bibliotecas, pedía Enrique Pla y Deniel, obispo de Salamanca, en su carta pastoral de mayo de 1938, "sobre todo las populares y aun escolares y pedagógicas, en las cuales tanta mercancía averiada y venenosa se había introducido en los últimos años".

La Iglesia pedía todo eso y mucho más a los gobernantes, a cambio del apoyo prestado a la sublevación, de la bendición de la violencia emprendida contra republicanos y revolucionarios. La "reconstrucción espiritual" pasaba sobre todo por las escuelas. "Se acabó el desdén por nuestra historia", decía Pedro Sainz Rodríguez, monárquico fascistizado, ministro de Educación en el primer Gobierno de Franco, en una circular a la Inspección de Primera Enseñanza que envió a comienzos de marzo de 1938. Y unos meses después, desde el mismo Ministerio, se marcaba el camino a seguir en la reorganización de la enseñanza pública en Barcelona, cuando cayera conquistada por las tropas de Franco: "Debe llevarse a las escuelas crucifijos, retratos del jefe del Estado, banderas nacionales y algunos letreros breves con emblemas y leyendas sintéticas, que den la idea a los niños de que se forma un nuevo Estado español y un concepto de patria que hasta ahora se desconocía".

No todo era religión, sin embargo, en la retaguardia franquista. Y para escapar del viejo concepto de caridad y beneficencia y plasmar los sueños de "justicia social" falangistas, la lucha en plena guerra contra "el hambre, el frío y la miseria", nació en octubre de 1936 Auxilio de Invierno, convertida en Delegación Nacional de Auxilio Social en mayo de 1937. Fue la obra de Mercedes Sanz Bachiller, viuda de Onésimo Redondo, y de Javier Martínez de Bedoya, un antiguo amigo de estudios de Onésimo, quien, tras pasar una temporada en la Alemania nazi, volvió a España en junio de 1936 y en otoño de ese mismo año le propuso a Sanz Bachiller, que era en ese momento jefa provincial de la Sección Femenina de Valladolid, crear algo similar a la Winterhilfe nazi para recoger donativos y repartir comida y ropa de abrigo entre los más necesitados. En menos de un año, lo convirtieron "en una institución al servicio de la política demográfica del nuevo Estado franquista", defendiendo la maternidad, con la puesta en marcha de una obra de protección a la madre y al niño: "Necesitamos madres fuertes y prolíficas, que nos den hijos sanos y abundantes con que llevar a cabo los deseos de imperio de la juventud que ha muerto en la guerra".

La formación de ese nuevo Estado y del nuevo concepto de patria destrozó las conquistas y aspiraciones políticas de intelectuales, profesionales y sectores de la Administración que habían desarrollado una cultura política común marcada por el republicanismo, el radicalismo democrático, el anticlericalismo y, en algunos casos, el mesianismo hacia las clases trabajadoras. Maestros, médicos, funcionarios y profesores de universidad eran perseguidos por haber desarrollado una labor "perturbadora". El castigo, en forma de asesinato, alcanzó a los rectores de algunas universidades. Famosos fueron los casos de Leopoldo García-Alas, hijo del escritor Leopoldo Alas Clarín, jurista y político republicano, profesor y rector de la Universidad de Oviedo, fusilado en febrero de 1937. Y Salvador Vila Hernández, rector de la Universidad de Granada, notable arabista, discípulo de Miguel de Unamuno, fusilado en octubre de 1936 en Víznar, en el mismo lugar que había caído asesinado dos meses antes el poeta Federico García Lorca.

jueves, 4 de octubre de 2012

Cartas desde Hiroshima.- Toyofumi Ogura

Cartas desde Hiroshima (Pasado y Presente).



Toyofumi Ogura daba clases de Historia en Hiroshima, cuando el ataque nuclear destruyó la ciudad. En este libro, inédito en España hasta ahora, cuenta los dantescos primeros días de la tragedia mediante misivas dirigidas a su esposa, una de las 100.000 personas fallecidas (la cuarta parte de la población) de forma directa.



Toyofumi Ogura daba clases de Historia en la Universidad de Hiroshima. El 6 de agosto de 1945, una mañana típica de Hiroshima, húmeda y sin viento, notó “un destello de luz blanca azulada, como el que produce la ignición del polvo de magnesio, y un fulgor inundó el cielo”. Se arrojó al suelo, luego observó una masa de humo “en forma de cumulonimbo” que hervía furioso hacia el cielo y sobre él “un hongo monstruoso del que descendía un pie muy ancho, parecido a un tornado”.
A pesar de señales tan extrañas, el profesor Ogura creyó que había estallado un polvorín. Todavía pasarían nueve días hasta que los japoneses escuchasen por vez primera , de labios de su primer ministro Suzuki, dos palabras que ya nunca separarían: bomba atómica. A Hiroshima le había tocado pasar a la Historia de la mano de una catástrofe, una de las nuevas creadas por la inteligencia humana, transportada hasta su ciudad en un B-52 llamado Enola Gay.

El fue “un superviviente casual”, el único profesor que no murió de su departamento de Historia, porque en aquel preciso instante caminaba a unos cuatro kilómetros de la ciudad. La bomba sorprendió a Fumiyo, su esposa, delante de unos almacenes. Se desmayó allí mismo y murió dos semanas después, tras una agonía dolorosa en la que los síntomas de sus lesiones se agravaban con los días sin que su marido fuese consciente hasta el final del alcance de sus heridas. No eran convencionales, no había signos externos traumáticos. Nadie sabía tampoco que existía una enfermedad por radiación, que cambiaba el grupo sanguíneo de los afectados, minaba sus glóbulos rojos y blancos y les provocaba hemorragias internas. Los enfermos comenzaban a descomponerse y pudrirse en vida: las lombrices intestinales abandonaban sus cuerpos antes de que muriesen.
Entre el carrusel de sentimientos de aquellos días Ogura experimentó un bulímico deseo: informar mediante cartas a su mujer de lo que había ocurrido tras su muerte. Durante un año escribió nota tras nota. Para ella y para él.
En 1948 aún no se había publicado ningún libro sobre la catástrofe, pese a la amplia cobertura en prensa . Un editor animó a Toyofumi Ogura a relatar su experiencia personal. Releyó sus notas, las rehizo levemente y, ese mismo año, tras sortear la censura de los aliados, vieron la luz como Cartas a mi difunta esposa. Notas sobre la bomba atómica de Hiroshima. Se imprimieron ejemplares con la frase “Printed in Occupied Japan”  destinadas a la exportación. En España nunca se había publicado, según Gonzalo Pontón, editor de Pasado y presente, que acaba de lanzar el libro, titulado ahoraCartas desde el fin del mundo.
Seis décadas después el relato de la Hiroshima devastada gracias a la fisión nuclear sigue sobrecogiendo. Uno se imagina a Ogura, tras su desconcierto, subido a una colina para disponer de una vista panorámica. Y entiende su miedo al encontrar que su ciudad “había dejado de existir en tan solo tres horas. La sexta ciudad más grande de Japón, con una población de 400.000 habitantes y conocida como la ciudad del agua por estar situada sobre los deltas de siete ríos, había desaparecido”.
Ruinas, escombros, algún edificio sobresaliendo entre la desolación. ¿Y la gente?  Se habían concentrado en el monte Hijiyama para ponerse a salvo. Casi todos iban descalzos, algunos con vendas en los brazos. “Casi todos permanecían callados, como si les hubieran arrancado el alma (…) eran como cadáveres vivientes”.
Y fue solo el comienzo de las escenas del fin del mundo. Los cuerpos flotaban en el río, atascándose contra los pilares de algún puente. Algunos cadáveres tenían los músculos al descubierto y casi todos el espanto como última expresión grabada en el rostro. "A algunas personas les habían saltado los ojos de las órbitas, a otras les había explotado el abdomen y se les habían salido las entrañas".
Se calcula que murieron 100.000 personas (la cuarta parte de la población). Y según el estudio que cita Ogura, alrededor de 75.000 lo hicieron el día que cayó la bomba, en la mayoría de los casos como resultado de la destrucción física de la ciudad y de la onda expansiva. Pero otros 25.000 perecieron en los días y semanas siguientes por causa de la radiación. Y morían en mitad del caos y del desconcierto del personal sanitario que se encontraba con enfermos con temperaturas de 42 grados, vómitos de sangre y hemorragias internas y quemaduras que no respondían a lo conocido.
"Cualquier político o militar que leyera este libro perdería las ganas de hacer la guerra", escribe el escultor Kotaro Takamuro en la introducción a la actual edición. Debería ser lectura obligatoria.
http://blogs.elpais.com/papeles-perdidos/2012/02/cartas.html

domingo, 9 de septiembre de 2012

Pensar el siglo XX -- Editorial Taurus.





Pensar el siglo XX --  Editorial Taurus. 


La obra póstuma de Tony Judt es un libro construido a partir de su conversación con el historiador Timothy Snyder, que le visitó cada semana en su casa de Nueva York y asistió con tristeza al desmoronamiento físico que le causó la esclerosis lateral amiotrófica. No es solo un libro de historia, también es un tratado de ética y la biografía de uno de los historiadores más notables del siglo XX.


Biografía Tony Judt (Londres, 2 de enero de 1948 - Nueva York, 6 de agosto de 2010).

Fue un historiador, escritor y profesor británico. Especializado en Europa, fue director del Erich Maria Remarque Institute en la Universidad de Nueva York. Fue colaborador habitual de la revista New York Review of Books.


Al igual que muchos otros padres judíos viviendo en la Europa de la posguerra, su madre y padre eran seculares, pero lo mandaron a la escuela hebrea, donde pudo empaparse en la cultura yidis. Ayudó a promover la migración de los judíos británicos a Israel. En 1966, tras haber ganado una exposición en el King’s College de Cambridge, tomó un año sabático y se fue a trabajar en el kibutz Machanaim. Cuando Nasser expulsó a las tropas de la ONU en el Sinaí en 1967, e Israel se movilizó para la guerra, como muchos judíos europeos, se ofreció a sustituir a los miembros del kibutz, que habían sido llamados a filas.

Durante y después de la Guerra de los Seis Días, trabajó como conductor y traductor para las Fuerzas de Defensa de Israel.

Luego de la guerra, comenzó a pensar que la empresa sionista comenzaba a desmoronarse
El 4 de octubre de 2006, Judt tenía programado un discurso en el consulado polaco en Nueva York, el cual fue cancelado. Según el periódico The New York Sun: «la aparición en el consulado polaco fue cancelada después de que el gobierno polaco decidió que las opiniones del Sr. Judt sobre Israel no eran compatibles con las relaciones de amistad entre Polonia y el Estado judío»
En 2008, a Judt se le diagnosticó esclerosis lateral amiotrófica. A partir de octubre de 2009, quedó paralizado desde el cuello hacia abajo.
  
LA OBRA
El siglo XX se erige como la edad de las ideas, un tiempo en el que, para bien o para mal, el pensamiento de unos pocos se impuso sobre las vidas de muchos. De una claridad y lucidez sin precedentes, el último libro de Tony Judt, uno de los más incisivos historiadores contemporáneos, está destinado a convertirse en un clásico del pensamiento moderno.
Pensar el siglo XX es a la vez un libro de historia, una biografía y un tratado de ética. Es una historia de las ideas políticas modernas en Occidente. Pero es también la biografía intelectual de Judt, nacido en Londres justo después del cataclismo que supusieron la Segunda Guerra Mundial y el Holocausto, cuando el comunismo afianzaba su poder en Europa del Este.
La excepcional naturaleza de esta obra se revela en su propia estructura: una serie de conversaciones íntimas con su amigo el historiador Timothy Snyder en las que Judt, con asombrosa elocuencia y erudición, rescata a los pensadores que han dado forma al mundo en que vivimos, presentando sus triunfos y fracasos.
Es, por último, una reflexión sobre la necesidad de la perspectiva histórica y de las consideraciones morales en la transformación de nuestra sociedad. Al recuperar lo mejor de la vida intelectual del siglo XX, abre el camino a una moral para el siglo XXI. Este es un libro sobre el pasado pero es también un libro sobre la clase de futuro al que deberíamos aspirar.

OPINIONES

  «El último libro de Tony Judt es una admirable valoración de los intelectuales y de la política del siglo pasado. [...] De una elocuencia brillante, y aparentemente recordando cada uno de los libros que han leído, los dos historiadores encuentran siempre algo destacado y original que decir sobre casi todo.» The Guardian Publishers Weekly 

«La capacidad de Judt para destilar grandes cantidades de erudición en una conversación lúcida, concisa e incluso con la ayuda de un aparato de respiración, es sorprendente.» Publishers Weekly


«El pasado sigue siendo el motor de sus pensamientos. La memoria era lo único certero en Tony, y él se aferró a ella como un salvavidas. Era lo que la enfermedad no podía quitarle. […] Por eso Pensar el siglo xx es una trabajo de memoria, no tanto de historia, incluso siendo el siglo xx su tema central. No es como sus otros libros, que dependían de grandes cantidades de notas, referencias y datos.» New York Review of Books

«Hay mucho material sesudo en este libro, pero usted nunca tendrá que leer una frase dos veces. En mi caso, subrayé muchas de ellas. Judt tenía, en abundancia, la virtud del escepticismo, de la apertura de mente, y la capacidad de prestar atención sostenida a —y a través de— diversos campos de estudio, con una tolerancia a la complejidad y (¡cómo le envidio esto sobre todo!) la habilidad de recordar con todo detalle lo que ha leído.» The Spectator

«En parte autobiografía, en parte cascada de ideas, en parte crítica de nuestra actual manera de vivir, aprender y trabajar, Pensar el siglo xx causa un tremendo impacto. Si su inteligencia formidable, su erudición (obtuvo el doctorado en historia social a los 24) y su cosmopolitismo (además de su nativo inglés, sabía francés, hebreo, alemán y checo) son extraordinarios, ¿cómo se puede describir el valor y el ingenio que le permitió, mientras sufría una devastadora esclerosis amiotrófica, componer un libro de memorias (El refugio de la memoria), una apasionada defensa de valores (Algo va mal) y este libro que ahora recomendamos?» The Globe and Mail

«El legado de un verdadero gran pensador.» Evening Standard

«Uno obra sin duda interesante, pero además necesaria en estos tiempos en los que si algo necesita el lector, el ciudadano inquieto, es reflexión, interpretación y respuestas. […] Judt consigue […] estimular al lector la capacidad de seguir el hilo de la Historia. […] Resulta estimulante seguir a Just y Snyder en este viaje […] un esclarecedor mosaico que ofrece distancia, la distancia necesaria para comprender.» El Mundo

«Gracias a esta iniciativa, que partió de Snyder, Judt, el gran historia del siglo xx y uno de los más destacados intelectuales contemporáneos, nos deja un libro póstumo que no sólo puede considerarse un magnífico epílogo a su obra, por su lucidez y originalidad, está destinado a convertirse en referente del pensamiento sobre la pasada centuria. […] El libro aporta una visión amena y original del siglo pasado.» ABC Cultural

«[…] en su brillante epílogo incluye, además de una interesante reflexión sobre la centuria pasada, alguna que otra pauta moral para el futuro.» La Nueva España

«Si uno quisiera recomendar un libro que resumiera y analizara críticamente las principales ideas políticas del siglo xx y que fuera al mismo tiempo una apasionante biografía de un intelectual formado a ambos lados del Atlántico, la elección caería sin duda sobre el titulado Pensar el siglo xx, obra póstuma del británico Tony Judt.» Faro de Vigo

«Si uno quisiera recomendar un libro que resumiera y analizara críticamente las principales ideas políticas del siglo XX y que fuera al mismo tiempo una apasionante biografía de un intelectual formado a ambos lados del Atlántico, la elección caería sin duda sobre el titulado Pensar el siglo xx, obra póstuma del británico Tony Judt.» Levant

«Pensar el siglo xx es un excelente ensayo de Tony Judt que afronta el análisis de la pasada centuria desde el punto de vista del pensamiento y no de una manera casual sino atendiendo al fenómeno singular.» La Razón
 

Frases o chistes del día

Paulo Coelho

Un niño siempre puede enseñar tres cosas a un adulto: a ponerse contento sin motivo, a estar siempre ocupado con algo y a saber exigir con todas sus fuerzas aquello que desea.